1 de diciembre de 2007

Un nuevo tipo de trabajador, el europeo

Cada vez hay más jóvenes que buscan trabajo en otro país de la Unión Europea. Muchas son las circunstancias que impulsan este hecho: pocas perspectivas laborales, salarios bajos, más incentivos, poder "hacer carrera", más posibilidades para los jóvenes investigadores...

La decisión de buscarse una vida mejor en el extranjero, aprovechando que somos ciudadanos de la Unión Europea, implica también encontrarse de frente con una nueva cultura, una idioma diferente y lo que es peor, trabas administrativas. Un ejemplo puede ser algo tan simple como abrir una cuenta corriente en un banco para lo que a veces exigen todo tipo de documentos y en ocasiones, los tiempos de espera para realizar una gestión se doblan con respecto a los nativos.

Quizás el problema más importante y el primero a resolver sea la búsqueda de empleo. Muchos se van de España porque la oportunidad se les brinda fuera y allí, desarrollan una carrera profesional (aunque siempre se tenga en mente el famoso "retorno"). Pero otros, cansados de esperar un empleo decente se lanzan a la aventura. La mayoría de las veces un trabajo lleva a otro pero como todo cuesta trabajo (valga la redundancia) hay que encontrar el primero. Si ya es difícil hacerlo en tu país de origen, en otro lo es aún más. Por otro lado, el que es de fuera siempre va a ser tratado como extranjero y el extranjero siempre va a echar de menos su país de origen y esto, lo constatamos seamos o no europeos. La libre circulación de trabajadores es un sueño. Es difícil el papeleo, algunos se aprovechan de la inexperiencia y lo que se requiere en la mayoría de las ocasiones es mano de obra barata y sin cualificar. La cosa no ha cambiado mucho desde los 60. Lo que sí que ha cambiado es el país de origen y de recepción. La sobrepoblación de universitarios e investigadores que no encuentran cabida en España escapa a otros países de Europa (la llamada "fuga de cerebros") y España se convierte en receptor de inmigrantes no europeos sin cualificar.

Al final, todo el mundo anda por todas partes, lo que nos hace más multiculturales y nos tendríamos que haber adaptado a estas alturas, pero no, la burocracia y el papeleo sigue anclada en el pasado. Pero, ¡¿qué digo?! En los años 60 al menos el papeleo te lo gestionaban si querías viajar a otro país incluso te ofrecían ventajas familiares si querías que tu familia te acompañase.

Un consejo para todo aquel que quiera probar suerte en el extranjero: conocer bien sus derechos y deberes antes de emprender el viaje. La Comisión Europea ha creado una página en donde explica todo o casi todo. Son guías para los ciudadanos. http://ec.europa.eu/youreurope/nav/es/citizens/index.html

Mi valoración: muy útiles. ¡Ójala lo hubiera sabido antes de haber salido de España!